Oración
Querido Padre, enséñame a través de tu Espíritu Santo a confiar más en ti en todas las luchas de mi vida, como hizo Ana. En el nombre del Padre, nuestro Creador; de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador; y del Espíritu Santo, nuestro Auxiliador, te lo pedimos. Amén.
Escritura clave
1 Samuel 1:1-28
"Pero Ana respondió: 'No, señor mío, soy una mujer profundamente turbada; no he bebido vino ni sidra, pero he estado derramando mi alma ante Yahveh. No considere a su sierva como una mujer despreciable, pues he estado hablando por mi gran ansiedad y vejación todo este tiempo'". (1 Samuel 1:15-16)
Punto principal
La fe de Hannah está marcada por el coraje y la valentía. Cuando se enfrenta a retos importantes, no se aísla ni se autocompadece, ni elude las duras realidades de su vida. Al contrario, las afronta y se acerca a Dios mediante la oración.
Introducción a Hannah
El nombre hebreo Ana significa "gracia" o "favor". Y aunque es la esposa "favorecida" de su marido, Elcana, la historia de Ana en 1 Samuel 1 ilustra la difícil situación de una mujer que se enfrenta a las adversidades de la vida, derivadas tanto de fuerzas internas como externas. Una de las cuestiones que plantea su historia es cómo se manifiesta la gracia en medio de las dificultades y el dolor.
La Biblia identifica dos razones principales para la angustia de Ana. En primer lugar, era estéril debido a que Dios había cerrado su matriz (vv. 5-6), lo que la impulsó a clamar a Dios. En el mundo antiguo, la identidad de la mujer casada estaba estrechamente vinculada a su capacidad de tener hijos, sobre todo varones. La esterilidad de Ana le planteaba dudas, en su contexto cultural, sobre su propósito y su valor. Era una mujer fuerte que quería vivir fielmente y deseaba que su vida marcara una diferencia más allá de asegurarse el aprecio de su cariñoso marido, Elcana. En segundo lugar, la segunda esposa de Elcana, Penina (v. 2), provocó sin piedad a Ana al enseñorearse de ella por haber dado a luz varios hijos a Elcana (v. 6).
A pesar de soportar los insultos de Penina durante años, y la amargura y angustia que le producían, Ana se abstuvo de tomar represalias y buscó constantemente consuelo en la oración a Dios (v. 7). Está claro que Ana es una mujer de fe y carácter formidables.
Ahondando en el tema
"Resiliencia" es una palabra que caracteriza con precisión la respuesta de Ana a las dificultades que soportó durante muchos años. No se quejó ni intentó eludir sus problemas, sino que perseveró en la fe y ofreció su dolor y sus lamentos a Dios en ferviente oración. La fuerza de Ana radica en su compromiso inquebrantable de confiar a Dios todas las adversidades de su vida. Cada vez que Ana experimentaba dolor, lloraba durante sus oraciones y sacaba fuerzas de flaqueza de sus diálogos con Dios. De Ana podemos aprender el poder de afrontar directamente los problemas y contratiempos de nuestra vida, lo que cultiva la resiliencia. Ana nos sirve de modelo para afrontar los retos con honestidad y buscar la sabiduría de Dios.
También vemos en Ana a una mujer dispuesta a defenderse a sí misma cuando los hombres poderosos que la rodeaban intentaron definir su realidad por ella. En primer lugar, su marido, Elcana, no tuvo en cuenta su angustia por no poder quedarse embarazada. Sus intentos de consolarla fueron infructuosos porque no la veía de verdad, no entraba en su experiencia. Se centró en sí mismo: "¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti más que diez hijos?". (v. 8). Trató de resolver su problema en lugar de entrar en su dolor con ella para ayudarla a llevar la carga.
En segundo lugar, el sumo sacerdote Elí malinterpretó su sincera oración como embriaguez e intentó echarla del Tabernáculo. Ante su mal informada reprimenda: "¿Hasta cuándo darás un espectáculo de embriaguez? Deja el vino" (v. 14). (v. 14)-Hanna no permitió que las suposiciones del poderoso sacerdote definieran su realidad. Por el contrario, lo corrigió con suavidad pero con firmeza: "No, mi señor, soy una mujer profundamente perturbada. ... He estado derramando mi alma ante el Señor. No considere a su sierva como una mujer despreciable, pues todo este tiempo he estado hablando desde mi gran ansiedad y vejación" (vv. 15-16). Ana sabe quién es. Sabe que el Señor la escuchará. Se niega a ser silenciada o rechazada.
Ana era también una mujer de gran integridad, como demuestra su inquebrantable compromiso de cumplir las promesas que hizo mientras rezaba por los niños en el Tabernáculo. Ana juró en oración que si daba a luz un hijo, lo dedicaría a Dios. Podemos aprender de esto que podemos demostrar nuestra gratitud a Dios no sólo a través de nuestras alabanzas y la presentación de nuestras ofrendas, sino también honrando nuestros votos y compromisos.
La historia de Ana nos enseña lo que es posible cuando mantenemos nuestros compromisos con Dios y con los demás. El hijo milagroso de Ana siguió los pasos de su madre y vivió una vida de profunda fe y servicio a Dios durante un periodo monumental de la historia de Israel. Primera Samuel 3:1 nos dice que "la palabra del Señor era rara en aquellos días; las visiones no se extendían", pero a través del joven Samuel, Dios comenzó a hablar de nuevo al pueblo de Dios. Samuel no sólo fue la figura de transición que condujo a Israel de una federación suelta de tribus a una monarquía unida, sino también del período de los jueces al período de los profetas. Piensa en todo lo que habríamos perdido si Ana no hubiera sido tan fuerte y valiente, resistente y fiel como ella.
#SheIsCalled y We Are Called
La fuerza de Ana procedía de su inquebrantable perseverancia en la oración. Estaba segura de que Dios se preocupaba por ella y podía ayudarla a superar las dificultades de su vida. Todos los años visitaba con diligencia la casa del Señor, a pesar de soportar las incesantes provocaciones de Penina (v. 7). Esta constancia en la oración transformó su vida y la preparó para recibir el don que recibió de Dios.
Todo el mundo experimenta retos y dificultades en distintos momentos de su vida. Ante tales pruebas, mientras esperamos la respuesta de Dios, puede aparecer la fatiga, y la tentación más significativa es rendirse a la apatía o la desesperación. Ana nos anima a persistir en la oración y a esperar la respuesta favorable de Dios, aunque tarde varios años. La oración sirve como conducto a través del cual podemos pedir al Espíritu que aporte claridad a nuestras vidas, permitiéndonos comprender los propósitos de Dios para cada uno de nosotros. Cuando alzamos la voz y el corazón en oración, Dios interviene para ayudarnos. Sean cuales sean los retos a los que nos enfrentamos actualmente, podemos sacar fuerzas de la fe de Ana hasta que también nosotros experimentemos un rejuvenecimiento espiritual y crezcamos en una auténtica espiritualidad en la vida.
La historia de Ana también nos asegura que no hay una línea recta entre el pecado y el sufrimiento. A menudo, nuestro sufrimiento no es el resultado directo de algo que hayamos hecho. La lucha de Ana contra la infertilidad no fue culpa suya. No se debía a su pecado. Al contrario, el escritor de la historia de Ana quiere asegurarse de que el lector la vea como el personaje justo y fiel de la historia. Ana creyó a pesar del egocentrismo de su marido y de la provocación de Penina. Ana persistió en la oración incluso cuando el sacerdote quiso tacharla de persona que daba un espectáculo de borrachera. La historia de Ana nos anima a seguir dando pasos de fidelidad, incluso cuando los demás se inclinan a juzgarnos o descartarnos. Dios estuvo con Ana en su sufrimiento, y Dios va con nosotros también en nuestro sufrimiento.
Conclusión
La historia de Ana nos recuerda que Dios permanece atento a quienes le suplican. Cuando oramos con un corazón contrito y nos entregamos por completo a la misericordia de Dios, demostrando sinceridad y tenacidad, podemos confiar en que Dios nos escuchará. La oración de Ana era una expresión de profunda fe y sabiduría, y nos sirve hoy de aliento y consuelo. La fe en Dios nunca es en vano. Dios responderá indudablemente a nuestras peticiones, aunque no suceda en el plazo previsto o de la manera que esperábamos. Nuestros esfuerzos y súplicas por las causas dignas que defendemos nunca serán vanos, porque Dios sin duda nos acompañará.
Cualquiera que sea la pesadez que llevas en tu corazón y en tu mente en este momento, acércate a Dios y entrégale todas tus cargas. Habla honestamente con Dios, "derrama tu alma delante del Señor" como hizo Ana (v. 15), y confía en que Dios te proporcionará toda la claridad, paz y guía que necesitas. Y luego siéntate y observa lo que Dios hará con tu fidelidad, integridad y valentía.